Un grupo de jóvenes rehabilita, por sorpresa y por la noche, un jardín de Capitán Almeida.15/02/2009 NACHO G. PANDAVENES
Los jóvenes de Oviedo han decidido dar una respuesta a todas esas voces que los tachan de pasotas y poco concienciados con lo que les rodea. También han roto con esa imagen de que la cultura callejera es molesta y sucia. Incluso han cortado de golpe todas esas apreciaciones sobre la supuesta ausencia de civismo en la juventud actual. Y lo han hecho a lo grande, eligiendo un espacio urbano infrautilizado y convirtiéndolo en un jardín, es decir, embelleciendo su entorno y enriqueciendo la vida de todos sus vecinos, que hay pocos a los que les disguste una flor.
El grupo Jóvenes por la Ecología es el artífice de la puesta en marcha de esta iniciativa, que nació en la madrugada de ayer con un sencillo jardín, pero que quiere crecer, darse a conocer y terminar conquistando todas las ciudades de Asturias. La propia página web del colectivo, donde relatan su experiencia, lo deja claro: “A través del activismo, la participación y las redes sociales, los huertos y jardines de guerrilla son un movimiento espontáneo internacional que, en la actualidad, transforma las ciudades de medio mundo y propone una nueva forma de relación entre naturaleza y espacio urbano”.
El grupo asturiano fue el primero en plantear esta iniciativa en España, pero su realización fue otra cosa y cada vez que intentaban salir para atacar un espacio degradado o infrautilizado, sus principales objetivos, la lluvia terminaba zanjando la situación y todos de vuelta a casa. Al final, pudieron atacar ayer de madrugada, amparados en la noche y con las herramientas del huerto de los padres de uno de los soldados como armas.
Parte del equipo –David, Zulima, Fausto, Pedro y Chus– fue a buscar, un día antes del asalto, todo lo necesario, encargaron 60 plantas (entre ellas pensamientos y violas), una mahonia, cuatro nandinas y algo de grava para el camino, además de turba. Algo pequeño para empezar, aunque su plan es más ambicioso: “En el futuro esperamos también hacer alguna cosa con árboles autóctonos”.
Lo que intenta el grupo con esta iniciativa es sencillo. “Nos encanta la participación vecinal. Buscamos la complicidad y colaboración de los vecinos y de los jardineros municipales, cuyo trabajo queremos destacar y poner también en valor”, explica Rubén. Y esta es una forma muy especial de lograrlo: “Nos gusta esta forma de expresión espontánea, con la mezcla tan bonita de defensa del medio ambiente y de manifestación artística”. No es que no les guste la ciudad, sino que ven posibilidades de mejorarla: “Toda ciudad por muy bonita que sea deja lugares grises y Oviedo no está exenta”. Aunque tienen claro que en la capital del Principado hay mucho por hacer. “Oviedo tiene una muy reprochable tradición de tala de árboles urbanos y abuso de parques duros, en los que queremos intervenir”, aseguran .
La preparación no fue sencilla aunque la actividad pueda parecer una tontería. Para empezar, no es fácil hacer un jardín sin tener ni idea de qué es un geranio y, segundo, la elección de la zona y la consecución de personal tampoco es un asunto baladí. “Primero recorrimos toda la ciudad en busca de zonas degradas o infrautilizadas. Luego investigamos si su titularidad era pública o privada e incluso estudiamos las implicaciones legales de nuestra intervención, que deseamos que no tenga consecuencias”, indicaron. El lugar escogido finalmente se situó en la calle Capitán Almeida, “por ser uno de los más fáciles y más pequeños. Ideal para la primera actividad”.
Luego comenzaron los asesoramientos técnicos, empezaron preguntando en los centros educativos especializados, pero al final fue la ayuda de un amigo jardinero profesional la que les permitió sacar adelante el jardín sin meter la pata. Respecto a la placa conmemorativa, es en realidad la teja, rota por el último temporal, de la casa de los padres de uno de los jardineros.
Lo más sencillo terminó siendo la actividad en sí: “Limpiamos los bordillos, plantamos las flores en los bordes más perjudicados para disimularlos, arreglamos el camino con grava volcánica, rellenamos una esquina para que vuelva a crecer la hierba y colocamos las nandinas y la mahonia”. Ahora donde antes solo había una cuesta con hierba, hay un jardín.